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15 de junio de 2008

Reflexiones Selváticas

I’m an Englishman in Maracaibo…
Alejandro Morales-Loaiza


Dentro de una conversación que sostuve con un amigo recién llegado del exterior, en la que inevitablemente se compararon gentes y ambientes de Venezuela con el mundo, me marcó de modo especial la siguiente frase: “Aquí nos tratamos como animales”.

Y empecé a reflexionar con detenimiento sobre ella… e irremediablemente la asocié con mi particular tránsito sobre la urbe maracaibera, encuadrada en cada uno de los ámbitos en los que me corresponde desenvolverme día tras día. Ya como ciudadano común, como bachiller, como abogado, como católico, como docente, como escritor, difícil se me hace rebatir aquello de que formo parte de una fauna curiosa que con el paso del tiempo se torna más agresiva.

Si consideramos que tengo que hacer de abogado 24/7, la única profesión del mundo donde uno debe enfrentarse contra sus propios pares, y que tengo un desdén natural y profundamente arraigado hacia la confrontación, ya asumiremos que estoy en un problema. Un inconveniente que sería mínimo o irrelevante si me encontrase en un sistema que reconoce valores y virtudes, pero que pasa a ser máximo dentro del sistema venezolano, donde intentar convencer antes que imponer es demostración de un pendejismo exacerbado… desde la P hasta la O. Es así que recuerdo a un profesor que decía: “El problema es que en este momento todos estamos enfermos de chavismo; todo mundo hace lo que le da la gana: empezando por el Presidente de la República, pasando por ministros, jueces y profesores de Teoría General del Proceso”. En efecto, él mismo era vivo ejemplo de lo que criticaba, pero de cierta manera aprecio que lo haya reconocido dentro de esa filosofía caribeña de “O tú comes de la vida o la vida te come”.

¿Qué no decir entonces de los nobles colegas que con virtuosa pluma asientan sin miramientos tacos e insultos en sus escritos para dar mayor vehemencia a su argumentación frente al planteamiento de su contraparte? Tal y como si el juez fuese a tomar su decisión con base en el número de agravios esgrimidos de parte y parte, o bien en el sentido que inspiran los elementos exógenos de la Teoría Sistémica del Derecho*, estos juristas se manejan con malicia y una muy mal pretendida habilidad para obtener el favor del tribunal a cualquier precio, llevándose con su paso a peces pequeños que ante la trampa se limitan a comentar en susurro a la secretaria del tribunal: “Esto me tiene sobremanera incómodo”.

Confirmando la animalidad en la que nos vemos inmersos, nunca falta algún defensor de la teoría darwiniana que nos recomiende adaptarnos para sobrevivir, e intentar rugir más alto que los demás para alejar de nosotros el riesgo de lucir como una presa fácil frente a los depredadores que merodean por la sabana tribunalicia.

Aún en la esfera del litigio, esto es entendible, mas no justificable. La cosa torna en grave cuando observamos el comportamiento salvaje en los demás escenarios de la existencia cotidiana: en el banco, en la calle, en la iglesia, en la casa, en el transporte público e incluso en la Red, lo que ha dado paso a la llamada Netiqueta, o la pretensión de hacer un compendio de normas de comportamiento social para los que hacen vida en Internet. La amargura de cada cual frente a su vida es prenda común de quienes le rodean, y el intento egoísta de imponer las necesidades propias a las ajenas se encuentra a la orden del día; bajo estos dos postulados es que se ocultan las causas que originan las colisiones de vehículos, las congestiones de tránsito, las peleas en las colas de los bancos, supermercados, taquillas de pago y pare usted de contar. Para lidiar con todo esto hay que salir al ruedo mostrando los dientes y con una grosería a flor de labios y así darse a respetar, mantener a raya a los abusivos y echar de lado a los distraídos.

Tener una educación familiar de excepción, en la que de pequeño a uno se le impone que debe respetar a la persona mayor, que debe callar y hablar cuando sea necesario, que debe esperar ser atendido, pedir las cosas por favor, dar los buenos días y mostrar sonrisa franca, puede convertirse en un serio inconveniente al intentar aplicarla al salir de casa. De esto hube de enterarme tristemente estando ya mayor, cuando tropecé sin querer a una ancianita que, luego de deshacerme en ofrecerle disculpas, me respondió con un: “Me hubieses dado más arriba, coño e’ madre”. Lo peor de todo es que ese episodio me amargó durante un par de días, intentando vislumbrar si efectivamente había yo hecho algo tan reprobable que mereciera tamaño insulto.

Así podría continuar con cientos de ejemplos y anécdotas cuyos protagonistas nos merecerían el calificativo de bultos semiconscientes, pero la intención no es aburrir al fiel lector. Antes de ello necesario es destacar que, no obstante la adversidad, tercamente me seguiré comportando como un caballero, aunque me vaya la vida en ello.

Finalmente, y guardando la abismal distancia con la época y los personajes, traigo a cita uno de los episodios que hicieron hito en la vida republicana:

“¡Señor Doctor! ¡El mundo es de los valientes!”.

“¡Señor Carujo! El mundo es del hombre justo: es el hombre de bien y no el valiente el que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra, y seguro sobre su conciencia”.

(Diálogo entre el General Pedro Carujo y el Presidente José María Vargas durante su derrocamiento en la Revolución de las Reformas, la madrugada del 8 de julio de 1835).

Empero yo me pregunto: ¿De qué sirve al hombre ganar al mundo, si con ello pierde su alma? [Tesis > Antítesis > Síntesis].

* La Teoría Sistémica estudia al Derecho partiendo de considerarlo un todo, con manifestación en tres vertientes o dimensiones: Hecho, Norma y Valoración. Dentro de la dimensión Valoración tienen cabida los llamados elementos o factores exógenos, que son sucesos o circunstancias de naturaleza no jurídica que tienen influencia en el operador (juez o funcionario administrativo) para el momento de interpretar o aplicar una norma o de subsumir un hecho en la misma.

1 Comentarios:

Prof. Dr. Mervy Enrique González Fuenmayor dijo...

(Tomado de un correo electrónico).

Excelente artículo que desnuda una cruel realidad: los valores imperantes en el mundo de hoy riñen con la ética, la moral, la autenticidad, la integridad, la justicia y la verdad. Felicito al autor de estas reflexiones que sin duda son de valioso auxilio.

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MORALES-LOAIZA, Alejandro. Título de la publicación. Cuaderno de Bitácora de Alejandro Morales-Loaiza. Año. [En línea]. Puesto en línea el (fecha de publicación). URL: http://alejandromoralesloaiza.blogspot.com/..../ Consultado el (fecha de consulta).

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