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18 de enero de 2009

Travestismo Jurídico

En una muestra de supremo descaro aborigen, el apadrinado del socialismo chavecista Evo Morales declaró hace tiempo: “Yo aprendí [que] por encima de lo jurídico es lo político. Y a veces cuando algún jurista me dice: ‘Evo te estás equivocando jurídicamente, eso, lo que estás haciendo es ilegal’ Bueno, yo lo meto por más que sea ilegal. Después le digo a los abogados: ‘Si es ilegal, legalícenlo ustedes ¿Para qué han estudiado?’” (Sic).

Evo para el momento no hablaba por razonamiento propio o porque su talento le alcanzara para hacer filosofía entre esos dos monstruos que son la Política y el Derecho; contrario a ello la opinión de Morales vino inspirada por la postura frente a la Ley de sus admirados líderes continentales Hugo Chávez y Fidel Castro Ruz (+).

Particularmente en Venezuela ha sido doctrina
pacífica y reiterada del régimen de Hugo Chávez y demás a lateres el establecimiento en pro de la Revolución de fines que van por encima de la Ley y por encima de los valores elementales de toda sociedad que se precie de civilizada. Pero como esta vocación es algo que produce mucho escozor entre la sociedad medianamente instruida, salvo por alguna salida de uno que otro deslenguado, el gobierno no la declara abiertamente.

Si algo tiene a su favor en esas lides la revolución bolivarera, es que cuenta con una serie de leguleyos y demás filósofos del Derecho que le sirven justamente como Evo declaró que pide que le sirvan sus
“juristas”. Toda una corte de falseadores de la Ley al servicio de las intenciones torcidas del máximo líder, algunos de sus miembros dotados de tal genialidad para barnizar jurídicamente cualquier descalabro, que ilustran claramente el verbo de Bolívar cuando dijo: “La inteligencia sin probidad es un azote”. A la memoria vienen pronto esos célebres discursos de José Manuel Delgado Ocando en los que decía que la Constitución debía renovarse constantemente porque “El Derecho se pone viejo”, las salidas genialmente razonables de El Príncipe Negro, capaz de convertir un simple juicio de divorcio en un gloriosa interpretación constitucional, hasta llegar al inelegante servilismo del Tribunal Supremo de Justicia actual; Chávez ha contado siempre con alguien que le legalice sus movidas. Mencionado todo esto justamente por dejar de lado la circunstancia de que la Asamblea Nacional le fue entregada en bandeja de plata por los factores de oposición.

Dentro de estos destrozos en los que cualquier cosa puede recibir una solución jurídica y viceversa, principios políticos como el de Alternabilidad, que al ser consagrados por la Constitución Nacional pasan a ser principios jurídicos con fórceps, se convierten en un verdadero problema para el estudioso al momento de ser analizados con motivo de su vulneración. Con este tan sonado asunto de la Enmienda para la Reelección Indefinida, la mayoría de los
abogados de librito se rasgan las vestiduras frente a lo que consideran “una violación al Principio de Alternabilidad consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela [mesma]”. Por su parte el genio chavecista responde diciendo que, al garantizar el Estado la celebración de elecciones para cada caso y en cada oportunidad, el Principio de Alternabilidad queda intacto y puede coexistir con la Reelección Indefinida, dejando perder en el aire cualquier grito histérico de la oposición.

La gente a pesar de este último razonamiento sigue consciente de que la Reelección Indefinida es mala, pero ¿Cómo es que los oficialistas encontraron un argumento tan bueno para sustentar esta abominación? Sencillo. Así como no se usa un cañón para matar un mosquito, por lo general —con marcadas excepciones, que las hay— un principio de dinámica política no puede rebatirse ni defenderse con argumentos jurídicos, como en el caso de marras, muy a pesar de la vinculación esencial o accidental que exista entre las dos tendencias. Pero, centrándonos en la realidad venezolana, resulta natural que a cualquiera se le haga incómodo reconocer los verdaderos visos de malignidad de la Reelección Indefinida. La oposición, pendiente de ganarse a los sectores más desposeídos, evita afirmar que es un sofisma aquello de que
“la voz del pueblo es la voz de Dios”, rehúye de reconocer que Chávez lleva ventaja política en cada consulta popular bajo el movimiento de su chequera y de sus programas limosneros con los que se gana el apoyo temporal de los pobres que piensan con su estómago.

A riesgo de ser calificado de hereje si lo hace, ninguno se atreve a comentar que la Reelección Indefinida es peligrosa por la simple razón de que tenemos un grueso de la población que aún goza de la residual bonanza económica petrolera y asienta sobre sus beneficios la lealtad al régimen; tampoco nadie se atreve a decir que tenemos otra parte de la población que ha permanecido cómodamente en la espera de que la alternativa a esta crisis la hagan otros, —una espera de unos ocho años—, nadie confiesa que es culpa nuestra que el gobierno se haya hecho del poder absoluto por nuestra posición conformista y desentendida de la realidad. Honestamente a la dirigencia de oposición no podría endilgársele toda la culpa por este silencio; existen posiciones que en política son en todo tiempo, inconfesables, casi tan trágicas como las confesiones prematuras de
“yo también tengo aspiraciones políticas”, por lo que deben seguir el juego gobiernero del travestismo jurídico y seguir diciendo que la Reelección Indefinida es inconstitucional, ilegal, etcétera. Ojalá y en ese ínterin no nos agarre la ronda fuera de casa para febrero.

7 de enero de 2009

Política Testicular Presidencial

Tú no podrás dudar mi sangre azul:
¡mira, éstas son las armas de mi escudo!
(Hace un gesto indecente).

(Mefistófeles en Fausto, de Johann Wolfgang von Goethe).

Ofrezco disculpas a los que aperturan escandalizados el titular de mi reflexión de hoy. La expresión me parece que ha encajado bien en lo que quiero reflejar y, como quiera que no tengo inconveniente en manifestarme algunas veces con algo de malsonancia en mis escritos bajo la necesidad de ser claridoso, me tomo la libertad de tornar mi verbo un tanto más cáustico en el presente.

Luego de observar en reiteradas oportunidades cómo se manejan las cosas a nivel de gobierno nacional en Venezuela había pensando en la figura presidencial haciendo analogía de un niño que se encapricha por todo y que arma berrinche si no se le complace. El niño al igual que el Presidente no puede mirar más allá de sus narices y desentiende que muchas veces su proceder antojadizo puede traerle más perjuicios que beneficios. Sucede también que por fortuna para la mayoría de estos niños malcriados existen padres responsables que saben administrarse bien frente a las exigencias del pequeño, pero por desgracia este gran crío nuestro Hugo Chávez no tiene padre que le controle y tiene además la potestad de quitar de en medio a todo aquel que pretenda hacerle ver algún consejo.

Es entonces cuando he visto que la analogía del niño malcriado se me queda corta, y justamente porque en la infancia aún no se desarrollan los órganos que sirven de base a las acciones del presidente venezolano; sus gónadas le originan el pensamiento y cuenta con una cuerdilla de aduladores que se encargan de lamérselas con dispendiosa munificencia para que el líder cada día tenga ideas más frescas.

Desde el tema de la Constituyente de 1999, pasando por los Decretos de la Ley Habilitante, las reordenaciones político-administrativas del país, la concreción de ocurrencias torcidas en la República y otras tantas movidas desastrosas para la Nación —y algunas veces para él mismo—, al Comandante le alcanzan los cojones para pensar en sí como el máximo intérprete de la voluntad popular; ángel justiciero con próxima oportunidad de convertirse en el gran líder de la América del Sur, muy a pesar de la opinión de la mayoría de sus conciudadanos y de la propia Comunidad Internacional.

Cosa risible es observar la argumentación de muchos compañeros y conocidos que, al analizar un caso concreto frente a la problemática en Venezuela dicen “eso no le conviene a Chávez”, como si la conveniencia fuese algo que a él le importase mucho ("Omnia licent!" Sed non omnia expediunt). Este hombre actúa por impulso, por mera cuestión de gusto, confiado en que la Historia de Venezuela siempre absuelve y que está dotado por la Providencia del poder de encantar serpientes, motivos suficientes para “terminar la concesión” a Radio Caracas Televisión, pedir que se ponga preso a Manuel Rosales, mandar a expropiar el Centro Sambil de la Candelaria, y muchas otras excentricidades que los genios de la estadística han calificado en sus encuestas como “medidas impopulares”. Es aquí donde me pregunto: ¿Cuántos años tiene el presidente tomando "medidas impopulares" (testiculares) y aún así su “popularidad personal” se mantiene? Cosa extraña…

Salta a la vista que en respuesta de lo anterior viene la cuestión mediática, muy bien asumida por el gobierno, y la asombrosa cualidad de los sectores más empobrecidos de la población de comportarse como la típica mujer maltratada, esa que el marido golpea y aún así mantiene la convicción de que el hombre la quiere mucho por las palabras bonitas que le dice luego al ofrecer disculpas.

Pero sin pretender excederme de la temática central arribo a la también testicular Política Internacional encabezada por Chávez en comparsa con Nicolás Maduro (un mero repetidor de la voluntad del primero), esa que se torna absolutamente peligrosa para todos por uniformarse en la voluntad del país al no encontrar firmes detractores y que nos ha tenido siempre a las puertas de un conflicto bélico muy ansiado por el Teniente Coronel hoy Comandante, que se cree absolutamente indispensable para todo pero muy especial a la hora de hacer guerra. ¡¿Y cómo olvidarlo?! Estamos hablando del genio estratega del Museo Militar y el que lloró de rodillas por que lo dejaran exiliarse en Cuba el 11 de abril… valiente como pocos…

Con esta valentía que le ha caracterizado siempre es que el Presidente expulsa hoy al embajador y a parte de la delegación diplomática de Israel en Venezuela en muestra de su “solidaridad irrestricta con el heroico pueblo palestino” por el conflicto armado de la Franja de Gaza, conflicto con el que bien pudiéramos no estar de acuerdo por nuestras vocaciones pacifistas, pero que requiere tratamiento reflexivo y sosegado por parte de la opinión internacional. Nos resta pensar de Hugo Chávez como un jefe de Estado muy temerario al momento de asumir posiciones frente a los sucesos internacionales, actitud muy propia de quien no cree en la diplomacia por su afición maternal al conflicto, ni mucho menos en el asesoramiento de algún experto en la materia, precisamente porque sólo procede bajo el dictado de sus órganos sexuales. Dios quiera y no sea nuestra virilidad la que se exponga por estas imprudencias.

1 de enero de 2009

La vulneración de las libertades por razones de oportunidad y conveniencia

“Quienes pueden renunciar a su libertad esencial para obtener una pequeña seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad”.
Benjamin Franklin


El derecho al libre tránsito constituye por naturaleza una de las manifestaciones más puras de las libertades consagradas en todo texto constitucional; deviene directamente del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos y sus precedentes reales se pierden en el tiempo.

En nuestro país la Constitución de 1999, en su Capítulo III (De los derechos civiles), dispone claramente en el artículo 50 lo referente al libre tránsito al establecer:

“Toda persona puede transitar libremente y por cualquier medio por el territorio nacional, cambiar de domicilio y residencia, ausentarse de la República y volver, trasladar sus bienes y pertenencias en el país, traer sus bienes al país o sacarlos, sin más limitaciones que las establecidas por la ley. (…)”. (Cursivas mías).

Esta advocación constitucional a tan elemental precepto de libertad obliga incluso a la autoridad —bajo Principio de Legalidad— a procurar en su actuación la garantía fiel de proteger tal libertad y de limitarse en orden de precaver su vulneración.

Sucede curiosamente en Venezuela, tierra de lo posible, que por razones de oportunidad y conveniencia algunas veces la propia autoridad se toma la voluntad de hacer momentáneamente a un lado libertades esenciales para el cumplimiento de un determinado fin. Si bien estos fines, cualquiera que fueren, no bastan para justificar la violación que se describe, por lo general parte importante de la población acoge de buena gana estas restricciones precisamente por estar muy acostumbrada a limitarse en lo sustancial para proteger lo propio. La multiplicidad de rejas y protecciones complicadas que convierten en cárceles a los hogares venezolanos son el signo evidente de que el ciudadano ante la incapacidad del Estado de brindarle seguridad prefiere confinarse al más sagrado encierro, lo que ilustra la afirmación anterior.

Con estas voluntades torcidas es como se llega en 2005 al Plan Pico y Placa. El entonces Alcalde del Municipio Baruta del Estado Miranda, ante los inconvenientes de vialidad que hacían (y siguen haciendo) imposible el tránsito vehicular en la zona, desvirtuó las causas de la problemática y con un plan dio a entender que el origen del asunto era el exceso de vehículos (¡Ja!). En virtud de este plan se concibió una interesante idea consistente en que, de acuerdo con los días y las terminaciones numéricas de las matrículas de los vehículos automotores, se limitaría de cierta manera el paso por las arterias viales más congestionadas del Municipio. Naturalmente este plan no era novedoso y antes por el contrario fue una copia al carbón del plan homónimo que ideara entre 1995 y 1997 Antanas Mockus en el Distrito Capital de Colombia.

Lo cierto es que todo operó con algo de comodidad (salvo uno que otro al que le fastidiaban el día), hasta que un colega se vio afectado por las restricciones del plan y sin demora acudió al Tribunal Supremo de Justicia en demanda de levantar la arbitraria medida… (¡Cómo nos encanta intentar Recursos de Amparo por cualquier cosa!). El Máximo Tribunal, risotada mediante, declaró inadmisible el Recurso de Amparo por virtud de la “temporalidad” de la medida; o en términos modernos se limitó a dictaminar: “Déjate tatuar la nalga que sólo te dolerá un ratico”. Por supuesto que luego, ante la insistencia propia de los profesionales del Derecho, finalmente la Corte Segunda de lo Contencioso Administrativo hizo honor a la justicia y anuló el famoso plan, dejando por demás sin efecto las asombrosas multas impuestas a los “transgresores” de la inconstitucional resolución.

Posteriormente y ante los obstáculos presentados, en triste imitación de las malacrianzas presidenciales, el Alcalde de Baruta manifestó que sometería a consulta de los habitantes del Municipio la aplicación o no del Plan Pico y Placa… partiendo del supuesto irracional de que las vías públicas de cierta manera pertenecen al Municipio y no a la República, a la manera de esos vecinitos que cierran sus calles con garitas, girafas y alcabalas para protegerse de la delincuencia.

Ahora el que fuese Alcalde de Baruta es Gobernador de Miranda y se siente fortalecido para volver a la carga con el Plan, que amenaza con extenderse a todo el Distrito Capital con un proceder en sosias del Alcalde Mayor, pero como estas violaciones no escandalizan a los medios ni perturba mayormente a la gente que ya está acostumbrada a vivir bajo la suela de alguien, muy probablemente el silencio reinará entre todos.

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MORALES-LOAIZA, Alejandro. Título de la publicación. Cuaderno de Bitácora de Alejandro Morales-Loaiza. Año. [En línea]. Puesto en línea el (fecha de publicación). URL: http://alejandromoralesloaiza.blogspot.com/..../ Consultado el (fecha de consulta).

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