“Locura: hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”.
Albert Einstein
Albert Einstein
Cada día, al sentarme frente al ordenador, reviso con cuidado todas y cada una de las noticias de la Red que tienen que ver con esta realidad mágica que se vive en Venezuela bajo el gobierno de Hugo Chávez. A estas alturas he perdido la cuenta de las reflexiones que inicio nombrándole y me pregunto si no habré caído en esa pauta cansina que a todos dicta su extravagante proceder y el de quienes le siguen. A veces siento hartazgo de pensar que quizá me encuentre en la vergonzosa expectativa por la aparición de un escándalo político o social que transforme nuestro desgano en… algo más serio.
Se percibe en cada reportaje la sucesión odiosa de acciones y reacciones que hace que la gente pierda la noción del tiempo y su capacidad de asombro; a la mayoría todo le viene igual porque nada afecta directamente a su presente perfecto. Las jornadas pasan tan rápido, que un mes se va en un suspiro dentro del febril letargo que el período vacacional deja en el pueblo. Todo esto lo aprovecha el Supremo Líder para hacer y deshacer a su gusto en la República, a manera del anfitrión de orgías en la casa paterna.
La decadencia de Chávez y su gobierno podemos asumirla como un hecho cierto de innegable existencia, pero la increíble facilidad con la que ha logrado sortear sus problemas durante diez años, aunado a nuestra invariabilidad de conducta, llevan a reflexionar sobre el tiempo y las vidas que tomará alcanzar su permanente salida de la existencia de los venezolanos.
No obstante el fastidio por repetición de trama, existen escenas que entretienen; en esa aspiración intrínseca de que la solución al problema venga de fuera, muchos se conforman con celebrar la retórica con la que se da de puntapiés al mandatario venezolano cada vez que se le ocurre asomar la lengua en el exterior, quizá dejando de lado el razonamiento sobre la cruel circunstancia de que este señor representa al país —Para los que no se sientan representados, confórmense con saber que el hecho de que Chávez siga en el puesto demuestra nuestra incapacidad para librarnos del personaje en estos diez años de llevar leña, así que más vale pensárselo dos veces antes de soltar risitas frente a las recientes ironías de Galán García o las pretéritas Reales Llamadas a Silencio—.
Produce desconcierto la regla repetida de que con las nuevas humoradas, detenciones, sollozos, marchas, lamentos y discursos, atrás vayan quedando episodios similares que ya nadie cuestiona; los más avezados atreven a hacer la ilusión de que estos errores irán acumulándose en el haber del gobierno para terminar conspirando en su contra. Pero lo cierto es que todo pasa y aunque nos repugna, aún contamos con suficientes diversiones para hacernos de la vista gorda; otros habrán de recurrir a la vieja excusa de “si no trabajo, no como”. (A Dios pongo por testigo de no querer escribir en esta oportunidad sobre los que se entretienen convocando rebeliones por Twitter y Facebook).
Puede que este fenómeno sea una respuesta a aquellos que ruegan por que el tiempo pase rápido para que llegue el turno de hacer su voluntad, lo mismo que sería reconocer que el pueblo es clientelista, atrasado e ignorante. Pero todo esto que expongo no es más que… más de lo mismo…



