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22 de junio de 2010

Que no falte el güisqui

En Venezuela, los escándalos por la incapacidad y corrupción en el gobierno nacional se suceden de manera vergonzosa. La crisis sociopolítica que atraviesa el país y que amenaza con estallar de súbito, se aviva con cada episodio que llega para abundar al padecimiento de los ciudadanos. El gobierno, aún sudoroso por la superación del problema en el servicio eléctrico, hoy nuevamente se hace blanco del señalamiento público por el hallazgo de una inquietante cantidad de contenedores con alimentos en estado de descomposición. Estos alimentos, traídos para cubrir la ingente demanda del pueblo que sufre por la escasez, nunca fueron recogidos de los almacenes y su manejo pareciera haber bastado únicamente para incrementar las arcas de algunos funcionarios chavistas. Sin haberse determinado aún ninguna responsabilidad directa, lo cierto es que en este caso se cierne mucho misterio y cada cual se contenta con hacer conjeturas sobre su posible causa como un mero ejercicio periodístico.

Con los primeros hedores de los almacenes, las denuncias no se hicieron esperar. La prensa hizo su agosto al poder insistir finalmente sobre un tema del que es bien conocido que mella la popularidad del gobierno y los candidatos a la Asamblea Nacional se apuntaron todos para pronunciarse sobre la terrible situación. Por su parte, Hugo Chávez resta importancia al asunto, algo que deja ver con una lógica imbécil basada en proporciones. De acuerdo con el máximo líder, el alimento perdido representa menos del 1% de la producción total anual de las empresas del gobierno ¡Es que aquí hay tanta comida que hasta se nos pudre! Y mientras eso sucede, todavía hay gente que busca qué comer entre la basura, en un país que una vez fue respetado por su producción agroalimentaria y que hoy importa casi la totalidad de lo que consume.

Pero el cinismo presidencial se queda corto cuando el problema alimentario se compara con el sobrado éxito en la importación de otros productos. Al considerar ello, no sabemos qué tan dispuestos estén los lectores a asombrarse al saber que Venezuela se encuentra hoy entre las primeras naciones del mundo que importan güisqui.
“En Venezuela, las botellas de güisqui pueden servir como reserva de valor, lo mismo que como diversión, en una economía con serios problemas”.
(The Economist. Whisky galore. Which countries import most Scotch Whisky? 21 de junio de 2010).
De este modo, el preciado licor nunca se ha hecho extrañar entre los anaqueles y su demanda parece ir en franco aumento. Para el año 2009, de acuerdo con las cifras más recientes de la Scotch Whisky Association (SWA), Venezuela tuvo una importación total de más de cuarenta millones de botellas de güisqui con capacidad de 0,70 litros cada una, o lo que es decir, un aumento del 77% respecto de las cantidades importadas en 2008.

Extraído de The Economist.
(Haga clic sobre la imagen para una vista ampliada).


Las cifras sobre el mercado de importación de este producto —que no se pudre y tiene gran valor comercial—, se esperaba que apuntasen lo opuesto a lo publicado por las fuentes internacionales por la conocida actitud del gobierno frente a las especies alcohólicas. En declaraciones públicas recientes se ha visto a Hugo Chávez ir en contra de estas bebidas y señalarles como una de las causas de todo el mal en el mundo (conjuntamente con el Capitalismo, claro está). Con una posición que pudiese asumirse de simpatía hacia el pensamiento islámico, el líder desdeña olímpicamente del alcohol y manifiesta una especial aversión hacia el propio güisqui, por considerar que la predilección por este licor no es más que otra costumbre patética de las clases burguesas y el imperialismo yanqui.

Empero la matraca ideológica revolucionaria, los venezolanos podrán descansar seguros de que habrá güisqui suficiente y para rato. Dentro de las proporciones que el Presidente gusta emplear, podría decirse que en el año 2009 cada ciudadano pudo tener una botella de güisqui en la mano y sobraron más de diez millones. Nada indica que la proporción disminuya en los años venideros, por lo que podrá asegurarse con sobrado orgullo que, en Venezuela, ahora el güisqui es de todos.

(Cam-bur pin-tón).

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