En estas líneas que te dedico —con mucho cariño, aunque lo dudes—, he querido hacerte reflexionar sobre tus recientes consideraciones en cuanto al tema de los desalojos en Venezuela. Si bien sé que esta es una empresa inútil, dado tu tradicional cinismo, conservo la esperanza de que mis comentarios te hagan pensar un poco antes de que decidas abrir nuevamente la boca para algo que no sea mostrar tu blanca dentadura.
Para empezar, apreciado Aristóbulo, sabes bien que los arrendadores no aumentan los precios por capricho o avaricia, sino movidos por una cruel necesidad, una necesidad que azota a todos por igual y de la que el mayor culpable es tu gobierno. Tu gobierno, que ha sido incapaz de frenar la inflación de alrededor de un 30% anual y que hace que los venezolanos cada día puedan comprar menos con el mismo dinero. Es culpa de tu gobierno y su mala política económica que el precio de alquiler de un edificio viejo aumente con los años, de la misma manera que es culpa de su mala política urbanística que sobren los damnificados cuando llueve, pero entiendo que para ti aceptar esto es duro y te resulta más sencillo culpar a cualquier otro.
¿Qué podrás decir, Aristóbulo, a aquellos cuyo único sostén de vida está en la renta que reciben por el único inmueble que han tenido aparte del propio y que por la ley que defiendes estarán ahora obligados a pasar hambre?
Pero es que ni tú mismo crees aquello de que no hace falta aumentar los precios, aunque tengas que ser consecuente con las mentiras de tu revolución. Para serte honesto, me sorprende que en esta economía de guerra te atrevas a señalar con el dedo a los que luchan diariamente por procurarse un aumento en sus ingresos.
Si yo fuese tu compañero de bancada, créeme que no estaría muy contento con el comentario de que el capitalismo paga a los jueces. Si un avance he aplaudido del desastre revolucionario que promueves, ha sido el de la ejecución gratuita de los actos judiciales. Ahora, y por orden de ustedes, ningún juez puede exigir cantidad alguna de dinero para trasladarse a hacer un desalojo, ¿cómo es que entonces dices que el capitalismo compra al juez y al policía?
Tomarla contra los policías que prestan su ayuda en los procedimientos judiciales no es menos que un acto de ruindad, Aristóbulo, y eso debes admitirlo. Cualquiera que conozca un poco de los procedimientos de desalojo, sabe que los oficiales no reciben nada más allá del mísero salario que devengan quince y último. Cualquiera sabe que ellos tienen el deber de prestar asistencia a los jueces cuando éstos lo requieran, so pena de ser sancionados. Cualquiera sabe… Excepto los incautos a los que pretendes engañar.
Por otro lado, también hay mucha gente a la que viene este engaño como anillo al dedo, aunque, al igual que tú, no lo crea ni por asomo. En este país sobran personas a quienes el descaro alcanza para dejarse mantener la mayor parte del tiempo, alegremente y siempre que la ayuda no les sea echada en cara; en primer lugar porque poseen la firme convicción de que la merecen antes que nadie y en desmedro de cualquiera; y en segundo lugar porque hasta el mantenido más vulgar (chavista o no), es orgulloso.
La política de tu gobierno viene a asentar la cómoda doctrina del pobrecito: aquella por la cual se enseña al malviviente a justificarse. Así, tu gobierno busca hacer creer al vago que no es vago, sino que no lo dejaron estudiar, quiere convencer a muchos pobres de que su miseria no es producto de su irresponsabilidad sino de algunos ricos que los querían ver hambrientos y menesterosos. Quizá, al final, tú también creas que nunca fuiste un político mediocre, sólo que no te dejaron gobernar.
¿Me hablas tú de solidaridad y consideración? ¿Por qué no pones tu yate, tu quinta, tu apartamento, a la orden del pueblo? ¡Vamos, Aristóbulo, que la Ley entra por casa!



