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25 de marzo de 2011

Algunas ideas sobre ética empresarial


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Cada año cobra más fuerza la necesidad, como imperativo categórico, de fomentar la ética en las empresas. En las recientes décadas importantes cambios se han implementado para orientar la dinámica corporativa a la observancia de ciertos valores de reconocimiento universal. Así, la protección del ambiente, la inversión en desarrollo social y la sujeción a procedimientos y actos de carácter moral (éticos), constituyen la base del funcionamiento empresarial moderno, o dicho de otro modo, constituyen su leitmotiv.

La doctrina actual apunta tres factores como generadores de interés sobre las cuestiones éticas: 1. Desastres corporativos que han producido escándalo y rechazo en la sociedad, con obvias implicaciones de tipo moral; 2. El pensamiento de que todo comportamiento contrario a la ética es igualmente contrario a los intereses de la empresa, desde una perspectiva económica y social; y 3. La inquietud en los miembros y cuerpos decisorios de la empresa al momento de tomar decisiones para las que no se sienten del todo preparados.
 
Aunado a estos posibles factores, los autores reconocen a un conjunto de circunstancias que abonan el terreno de la ética en el mundo empresarial: 1. La evolución del mercado internacional y el poder estratégico de las empresas; 2. La mundialización de la competencia; 3. La aparición de procesos técnicos y herramientas tecnológicas que aportan interrogantes sobre su manejo; y 4. El surgimiento de problemas complejos como la contaminación y los cambios en los estándares de calidad.

A la ética, dentro de su acepción más amplia, corresponde el estudio de la vida moral del ser humano. Bajo este dictado, la ética se orienta por dar sentido a las acciones del hombre sobre la dicotomía fundamental de bien y mal. En el tránsito aportado por la ética para descubrir el fin de la acción, la persona podrá decidir qué hábitos asumir, cómo ordenar sus metas, qué carácter les imprime y cuáles son los valores que intervienen en el proceso, para finalmente obrar con prudencia, es decir, tomar una decisión acertada.
 
La ética empresarial es parcela de la ética como ciencia y de la ética organizacional como división de ésta. Sobre la ética organizacional, se dirá que su ámbito de aplicación va más allá del componente económico que se vincula a toda empresa. De este modo la ética empresarial propone hacer reflexión sobre los valores en los que descansa toda decisión; aplica los principios éticos generales a las vicisitudes de la empresa y los negocios, lo cual se aparta sensiblemente de la idea anacrónica que afirma que “negocios son negocios”, y que con tal afirmación pretende dejar fuera toda consideración moral en el asunto.
 
Importante es destacar que, aunque parcelaria de la ética in genere, la ética empresarial no guarda diferencias de fondo con ésta; su división obedece únicamente a cuestiones prácticas. Dicho de otro modo, la relación circunstanciada en la que se aplican los fundamentos y principios éticos en la empresa, permite referirse a una ética empresarial.
 
Si se parte de la premisa dada por Antonio Argandoña (1994) de que “todos podemos y queremos ser éticos”, será posible entonces hablar de tantas éticas como ámbitos existan en las relaciones humanas, una idea que vendría a redundar en la noción del hombre como ser ético.
 
Ahora bien, las exigencias naturales del hombre como ser ético repercuten en la empresa bien como demanda social o bien, de forma más evidente, como demanda de quienes componen la propia organización. Las reglas, usos y costumbres empresariales (además de los conocidos manuales de cargo tan de moda en nuestros tiempos), no bastan para definir por entero la actuación de cada trabajador dentro de la organización. Es ilógico pensar que las decisiones tomadas en el seno de la empresa puedan estar desprovistas de las convicciones personales de cada cual. La ética, pues, complementa el conocimiento técnico del responsable de la decisión y lo hace consciente de las implicaciones morales que ésta pudiese generar.
 
Pero la ética no agota su función en el tratamiento de los dilemas que aportan las situaciones complejas de la vida empresarial, también existe como censora de arbitrariedades y travestismos morales, esto último cuando con base en el relativismo se pretende hacer válida cualquier determinación, una práctica que inició con el sofisma maquiavélico de “el fin justifica los medios”, y que hoy cuenta con variadas expresiones dentro de los negocios y la vida común.

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*Ensayo presentado en el marco del Programa de Estudios Avanzados en Derecho Corporativo IGEZ/UNIMET.

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MORALES-LOAIZA, Alejandro. Título de la publicación. Cuaderno de Bitácora de Alejandro Morales-Loaiza. Año. [En línea]. Puesto en línea el (fecha de publicación). URL: http://alejandromoralesloaiza.blogspot.com/..../ Consultado el (fecha de consulta).

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